viernes, 14 de junio de 2013

Travesuras de la infancia




En aquellos años no teníamos muchos juguetes para la distracción así que teníamos que inventarnos nuestros juegos, nuestras bromas y travesuras.

En mi infancia, mis hermanos, primos y amigos, teníamos nuestros juguetes que celosamente guardábamos en cubetas o bolsas y al momento de jugar, ambos formábamos nuestros juguetes en el patio de la casa. Uno ponía en fila sus juguetes en un extremo del patio y el otro hacia lo mismo.
Una vez formados, tomábamos canicas y las lanzábamos con la intención de derribar sus juguetes y esto se repetía varias veces durante el día.
Los juegos de carreteritas, que ya he platicado en su momento, rellenando fichas con lodo o migajón.

Pintando aviones en el piso, jugando beisbol o futbol, todo dentro de un patio que tenía como 5 o 6 metros de ancho por unos 15 o 20 de largo.
Las travesuras también jugaban parte importante en nuestra vida.
Hubo un tiempo en que se puso mucho de moda en la primaria el llevar ligas. Si, ligas que usábamos a manera de resortera de pobres para disparar trozos de cascara de naranja, limón o mandarina.
 
Se hacían competencias entre nosotros para ver quien tenía mejor tino para darle en las pompis a alguna niña, maestra o a cualquier incauto.
Era divertido ver como pegaban un brinco al momento de recibir el proyectil e inmediatamente buscar con la mirada de donde había venido el ataque.
Algunas veces nos tocó que con las mismas ligas nos dispararan a nosotros o simplemente con el hecho de que las traíamos en la muñeca de la mano, nos jalaban las ligas y las soltaban para recibir el castigo.

Cuando estábamos aburridos, colocábamos un par de lápices y comenzábamos a girar a manera que se fueran enrollando. Cuando el nudo estaba demasiado justo, soltábamos los lápices y la liga y comenzaban a dar brincos por todos lados. Le llamábamos “Pelea de Lápices” o “Gallitos”.
Pero estas ligas eran multiusos. También tenían la increíble capacidad de atar el cabello y porque no, hacer un nudo que a menudo ameritaba el corte de cabello en la zona afectada.


El truco era simple; con una liga de regular tamaño, hacíamos lo mismo que con los “Gallitos”. Una vez que el nudo era lo suficientemente enredado y flexible, nos acercábamos a la víctima y de manera certera y rápida, lo depositábamos en su cabello. Las ligas en su actuar natural, comenzaban a volver a su estado pero ahora había cabello de por medio, así que llegaba el momento en que a la liga le era imposible volver a su estado natural y terminaba haciendo un nudo en el cabello que era el equivalente a traer un chicle pegado al cabello. En muchas ocasiones era mejor cortar el cabello que tratar de quitarlo.
Muchas fueron las víctimas y también muchos los castigos que recibimos pero……Ah que divertida me daba!!!


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